Feedjit me ha enganchado al blog. Y ahora sólo quiero escribir, escribir y escribir para que gente que busca cosas raras en google llegue hasta mi blog.
Llueve, pero no hace tanto frío como el lunes. El lunes se me congelaron las orejas, los pies y las manos. Y no pude rodar bien mi corto porque estábamos en la calle y era insoportable.
Anoche fuimos a un concierto en Brooklyn. Bebimos cerveza Sierra Nevada y, más tarde, Southern Comfort para celebrar el aniversario de Virginia y José Víctor. Hay gente que se quiere y es verdad, lo cool en NY es no bailar en los conciertos y el Southern Comfort es como caramelo pero lleva alcohol. Al final, Virginia hizo alianzas con una pajita roja y, sin darme cuenta, me casé con Xavi.
Así que ahora tengo un marido con un blog mucho más interesante que el mío. Lo que me hace sentirme muy insustancial. Sobre todo teniendo en cuenta que posts como el de hoy sólo los escribo para ver qué palabras clave en google conducen hasta aquí.
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miércoles, 10 de diciembre de 2008
martes, 28 de octubre de 2008
Domingo en Coney Island

El domingo rodamos un ejercicio de clase en Coney Island. Dije que sí porque el director es mi amigo, pero, sobre todo, porque así tenía una excusa para salir del entorno de la calle 112. El sábado llovió todo el día. Lo vi desde las ventanas de la biblioteca, mientras escribía y estrenaba mi ordenador. El domingo el cielo estaba limpio y azul. Nos pasamos todo el día en la playa, al sol.
Coney Island está al sur de Brooklyn y tiene un parque de atracciones que empezaron a construir a finales del s. XIX. Me sorprendió mucho un puesto que había. Se llamaba "Shoot the Freak". Estaba cerrado, pero en verano contratan a un señor feo al que la gente le dispara con pelotas de paintball. Lo que quiero decir es que es bastante decadente, pero muy auténtico. Y como todo lo que es auténtico, lo van a desmontar para construir edificios mirando al mar. He leído que durante años ha habido gente intentando salvar Coney Island, pero han ganado los malos otra vez.
La película que hicimos el domingo va de una mujer que no consigue olvidar a su marido, que ha muerto. Está en la playa con una urna con las cenizas, pero es incapaz de tirarlas. Él vuelve a buscarla, porque quiere que ella le olvide y sea libre otra vez. Y ella termina aceptando. Era muy simple, porque, al fin y al cabo, era sólo un ejercicio de clase. Hoy la hemos visto y me ha emocionado. Qué difícil es dejar que alguien se vaya, qué difícil olvidar, qué tarde se cierran las heridas...
(el dibujo arriba es de Tim Zeltner)
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